Qué cuentan los solares

A menudo las palabras tienen significados precisos pero provocan sentimientos contradictorios en las personas que las utilizan porque cada palabra acumula también una fuerte carga simbólica. Por ello no siempre coinciden las interpretaciones y los sentidos entre el lenguaje técnico, centrado en la precisión de los significados, y el de la ciudadanía, ligado siempre a lo simbólico. La palabra solar y la condición de solar de un terreno son un ejemplo de ello.

Para el diccionario, un solar es una porción de terreno donde se ha edificado o que se destinará a edificar. Las condiciones que permiten ese destino las fija la legislación urbanística. Un solar es un terreno legalmente dividido y al que se le ha dotado de una serie de servicios, fundamentalmente acceso pavimentado, suministro de energía y agua y conexión a la red de saneamiento. Un solar es, básicamente, un terreno conectado legal y técnicamente a la ciudad que lo circunda. Parece sencillo, pero no siempre lo es.

Transformar un terreno en solar implica acotarlo, separarlo del paisaje, individualizarlo y desnaturalizarlo. El solar pierde su condición independiente, no tiene sentido en sí mismo, su razón se asocia irremediablemente a la edificación o uso que albergará. Un solar, en cierto modo, refleja siempre una pérdida, un vacío o una herida en la memoria del pasado que bien conocéis quienes vivís en muchos de nuestros degradados centros históricos. Pero un solar también refleja una posibilidad, una alternativa, un cambio, una opción de futuro y, por qué no… una ilusión.

A pesar de que algunos solares permanecen por largos periodos de tiempo, naturalizándose a nuestra percepción, la condición de solar es un estado transitorio, un pedazo de terreno en el limbo entre lo que fue y lo que llegará a ser. Su voluntad es desaparecer, no ser. Un lugar de incertidumbre donde se reflejan muchas de las contradicciones de nuestra sociedad. Y, también, el punto de intersección entre el urbanismo y la arquitectura. Buena urbanista es, en cierto modo, aquella persona que consigue gestionar las distintas voluntades e intereses de la variedad de agentes que intervienen en el proceso de planificación, limitando las contradicciones que reflejan los solares. La buena arquitectura ha de interpretar esas contradicciones para proponer, en ese recinto acotado, soluciones satisfactorias para la mayor cantidad posible de intereses sociales. Si los solares son las páginas donde se escriben las historias de la intervención humana sobre la ciudad y el territorio, el urbanismo y la arquitectura son meros transcriptores de un proceso del que, en última instancia, son autoras y protagonistas otras personas: la ciudadanía.


Fotografía: solar en LLano de los Pastores. Busot. Alicante. Fuente: eNTReCaLLeS

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